lunes, 16 de mayo de 2016

Más Adelante [Capítulo Primero]

Cuando la imaginación habla, la pluma traza...
He aquí la primera historia del blog, y mi más reciente creación.




Más Adelante

Inés & Victoriano

By Ket


Cuando se fue de su lado, jamás imaginó que el destino volvería a unirlos. Ahora los papeles eran diferentes, sólo había rencor y desilusión, además de un deseo escondido y una ferviente necesidad de rememorar lo que un día se les arrebató con crueldad. Pero aunque el tiempo había seguido su curso, el amor parecía demorar el olvido...



Capitulo Primero

“Ahora cuentan por ahí que cambiaste hasta tu forma de vestir, que a alguien adornas con tu sonreír…”


¿En cuántos brazos tendría que buscar su aroma?

Victoriano Santos era conocido en todo el pueblo como un hombre enérgico, terco y tenaz. No había una sola persona que no le tuviera respeto, y entre sus trabajadores imponía miedo. Sin embargo, era un hombre justo y leal. Aportaba al pueblo trabajo y fondos para escuelas y negocios, además de que era muy devoto a Dios y no había domingo que no se le viera en misa con sus pequeñas hijas, entre ellas una recién nacida.

Desde que abrió los ojos, supo que el día no era como otros tantos. Al parecer la lluvia vendría con fuerza y eso lo extrañó al encontrarse en pleno mes de mayo. Aun así salió a su cabalgata matutina y regreso cansado dos horas después. Algo lo hizo mantenerse en el caballo más de lo común, pero detuvo sus complejos pensamientos y prefirió regresar y esperar la llegada de Amanda. En solo unas horas volvería a reunirse con aquella mujer que sugería cambios en la hacienda… y en su vida. No quería darle más vueltas a las cosas. La había conocido en un viaje a la capital y habían hablado largo y tendido sobre los asuntos financieros de “Las Dianas”. Era  una mujer bella e inteligente, aunque a veces parecía fría y calculadora. Pero ¿qué más necesitaba? Años atrás había olvidado lo que era sentir amor. Esa mujer se lo había llevado todo y había dejado en él sentimientos despreciables. Renegó molesto por el rumbo que estaban tomando sus pensamientos. Ahora lo importante era que Amanda podría llenar el papel de señora y además no le era indiferente.


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¿Qué se supone que hacemos aquí?
Loreto volteo a mirarla mientras descendía del autobús con un niño pequeño en brazos.

L: Aquí, mi amada esposa, está nuestro nuevo hogar – sonrió con un aire de gozo.
In: No lo dices en serio… - su mirada se fue posando en cada lugar que había prometido olvidar. La iglesia, la plazoleta y las tiendas que al parecer habían incrementado en número. – Loreto no podemos…
L: ¡Pero claro que podemos mi amor! – La tomó del brazo tan bruscamente que casi tropezó al llegar al último escalón.- Mi buen amigo Victoriano nos ha dado empleo.
In: No, no, no. - comenzó a decir afligida – No puedo permitirte esto Loreto, le quieres hacer daño... – intento en vano regresar al autobús.
L: Por supuesto que no – fingió indignación – lo hago por los dos. Quiero que ambos sufran.

Las miradas de los habitantes del pueblo se posaron en ellos. Al instante la reconocieron y más de uno la miró con molestia. Todos lo sabían. Sabían la historia que había comenzado a gestarse años atrás entre una simple sirvienta y el ahora dueño de miedo pueblo.


>>>>>>>>>>>>>>> Flash Back <<<<<<<<<<<<<<

Sus labios no podían mentirle.
Detrás de aquella alacena los suspiros se hicieron más profundos y las caricias de aquel hombre solo demostraban veneración por la mujer que tenía entre sus brazos, rendida y a merced de los sentimientos que eran ya eran imposibles de ocultar.

Aunque intentó evitarlo, no podía negarse el placer de responder a los besos que Victoriano plasmaba en sus labios. Tenía los sentidos alerta de cualquier sonido que pudiera romper el hechizo, y fue una frase precisamente la que hizo mella en sus miedos.

V: Te amo…
In: No, no Victoriano – intento quitarlo colocando sus manos en el fuerte pecho de él, pero fue inútil – nosotros… nosotros no podemos… - los besos de él no le permitían poner objeción – Detente Victoriano, alguien podría llegar…
V: No me importa, necesito sentir que esto es verdad, que has correspondido a mis caricias- volvió a besarla y la acercó un poco más a su cuerpo.
In: Diana…
V: Diana se puede ir al infierno. -  Inés permaneció en silencio. Había una furia impresa en las palabras de él que la dejó sumida en sus pensamientos.
In: ¿Por qué estás tan molesto? – A pesar de su renuencia comenzó a acariciar los brazos de él para intentar calmar su enojo. Por supuesto, él cedió.
V: Diana me engaña.

Un pensamiento cruel comenzó a rondar la mente de ella.

In: ¿Estás haciendo esto por despecho? – se tensó entre sus brazos.
V: ¿Qué? Por supuesto que no Inés. Sabes perfectamente que…
In: que qué? Dejemos este juego que sólo ha servido para hacerte sentir más hombre.
V: No, no te permito que ensucies este momento con ese tipo de comentarios Inés – su voz se elevó por un momento, pero enseguida, más tranquilo, se negó a dejar de insistir – He soñado tantas veces con tenerte entre mis brazos.
In: Suéltame por favor…- comenzó a alejarse de él –que tonta he sido. Esto no se puede repetir… yo no…
V: Tú me amas y deseas tanto como como yo, deja de engañarte Inés – la tomó por los brazos – a pesar de todo, tú me sigues amando.
En el momento en que pretendía volver a besarla, el sonido del cristal rompiéndose los separó.
D: ¡Sírvanme otra copa! Inés, Inesita sólo una copa chiquita…- Diana comenzó a reír. Llevaba toda la tarde fuera de la hacienda. Unos trabajadores la habían encontrado en su cantina favorita y la habían llevado de regreso, como muchas otras veces.
V: ¿Qué es todo este escándalo? – gritó con enojo al ver el estado de su esposa. – ¡Estás ahogada en alcohol! Además de todo resultaste ser una borracha…
T: Disculpe patrón – se acercó a Inés y comenzó a hablarle en susurros – Perdón Inés, pensamos que estarías sola al ser tan noche. La trajimos porque sólo contigo se calma.
In: No se preocupen, retírense a descansar que yo me encargo de mandarla sana y salva a dormir. – Los trabajadores se fueron retirando y se quedaron solos con Diana cayéndose de una silla.
V: ¿De qué se trata todo esto? ¿Acaso está loca ha llegado otras veces así? – miraba molesto a Diana y a Inés. Diana sólo reía, Inés comenzaba a irritarse.
In: muchas veces más – a pesar de la mirada furiosa que él le dedicó no se dejó intimidar – Si vas a molestarte…
V: No es contigo con quien me molesto – su gesto se volvió sereno – es sólo que si yo me hubiera enterado antes de todo esto…
In: No habrías hecho nada. Ahora es tu orgullo herido el que habla por ti – había ido muy lejos, como lo comprobó al mirarlo a los ojos, pero estaba tan molesta que siguió hablando – Así que deja de engañarte pensando que son otros los motivos que te obligaron a hacer lo que hiciste hace unos momentos.
V: ¡INÉS! – gritó sumamente furioso y comenzó a acercase a ella.
In: Patrón… - Se alejó a poner agua para café. Diana seguía completamente perdida en el alcohol, así que sólo se reía al verlos discutir.
Después de que Inés la obligara a tomar el café, Victoriano la cargó y la llevó hasta su recamara. Hacía meses que no compartían habitación y nadie más que Inés lo sabía.
V: No puedo creer que haya llegado a esto.
In: Tu desamor la está matando. –Él observó a Inés – es lo que sueles hacer. Destrozas los sentimientos de quien te ama – a pesar del significado de sus palabras, el temple de ella siguió intacto.
V: Tú jamás obtendrás nada más que mi amor, porque te pertenezco desde que vi esos ojos tan hermosos que tienes…

La miró detenidamente, pero ella prefirió desviar la mirada.

>>>>>>>>>>>>>>> Fin Flash Back <<<<<<<<<<<<<<


¿Cómo iba a ser capaz de mirarlo a la cara?
Un año atrás, Inés se convenció de que la única solución era irse lejos. Salir corriendo de todo aquel tormento que supuso haber engañado a Victoriano. Si él se enteraba… No quería ni imaginarse que ocurriría cuando la viera del brazo de Loreto y con el hijo de ese hombre que creyó era su amigo.

Después de todos esos meses meditando sobre su trágica historia, entendió que era en vano confesarle a Victoriano la verdad. Tenía claro que sin importar los hechos, él dejaría de verla con aquella admiración de quien ama puramente. Ella ya no era pura. A pesar de que él había sido el primer hombre en su vida, el cuerpo de Loreto la había ensuciado y no se sentía con la fuerza necesaria para soportar la humillación de la que sería objeto cuando Victoriano se enterara.
Si tan sólo pudiera empezar desde cero al lado de aquel bebe que amaba más de lo que había amado a nadie… Pero no tenía como empezar. No contaba con un solo peso para poder huir de aquel destino atroz que Loreto estaba diseñando para ellos. Lo mejor sería aguantarse todo el dolor que supondría trabajar para Victoriano, ahorrar un poco de dinero y alejarse con el pequeño Emiliano que ahora representaba su único consuelo y refugio.


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In: ¿A dónde vamos?
L: A misa. ¿Tu triste vida te hizo olvidarte de Dios? – Dijo sarcástico y comenzó a reír – consuelo de gente tonta refugiarse en rezos.
In: ¿A qué quieres ir si tienes tan mala opinión de mi religión? – comenzó a subir el tono de voz.
L: ¡Tu religión! Se le llena la boca a la señora diciendo eso, pero se te olvidaron tus creencias y mandamientos cuando te metiste en mi cama…
In: ¡Maldito infeliz! – Se le fue encima llena de rabia - ¡Fuiste tú quien me violo! ¡Fuiste tú el que se olvidó de toda compasión y respeto! Arruinaste mi vida…- comenzó a golpear su pecho mientras las lágrimas resbalaban por su rostro. Loreto intentó besarla a la fuerza, pero ella había adquirido una fuerza interior que no podía aminorarse ante él – No Loreto, jamás volverás a tocarme…
L: ¡Eres mi mujer y puedo hacer de ti lo que se me venga en gana!
In: Inténtalo. Inténtalo y juro que no tendré la más mínima piedad así sea para matarte con mis propias manos…

Él observo la cara enfebrecida de ella y prefirió dejar el tema por la paz. Volvería a ser de él, aunque tuviera que fingir que era un hombre diferente.


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R: ¿A qué hora llegara la señorita Amanda, patrón? Ordené que arreglaran la habitación azul y…
V: Es probable que no necesitemos esa habitación, Rebeca – la ama de llaves y cocinera lo miró atónita – No me veas así mujer. Anunciaré pronto mi compromiso con la señorita Piñeiro así que acostúmbrate a nombrarla como la señora de esta casa.
R: lo entiendo – dijo sin entender nada – las niñas están listas para ir a misa ¿Las acompañará o esperará a la señori… señora?
V: No, no la esperaré, la misa es sagrada ya lo sabes – mencionó comenzando a ponerse su sombrero – dile a Lupe y Pedro que las lleven, yo llegaré en tiempo justo. Necesito arreglar un asunto antes.


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Llegó en caballo al lugar acordado. Lo buscó con la mirada pero no pareció encontrarlo por ningún lado. Tal vez se había arrepentido de aceptar la propuesta pactada. Miró nuevamente y entre los rostros encontró uno conocido.
V: Loreto Guzmán – se acercó a la mesa donde Loreto esperaba – pensé que te habías echado para atrás.
L: No estoy en condición de hacerlo. Siéntate hombre – Victoriano le hizo caso – ahora más que nunca necesito el empleo en una de tus tiendas.
V: Cuando hablamos mencionaste algo de tus nuevas responsabilidades y que además necesitas trabajo para otra persona ¿a qué te referías? – miró sorprendido como Loreto apuraba otra cerveza, era aún de mañana y su antiguo amigo ya olía a borracho.
L: Me casé. – Victoriano se sorprendió, jamás pensó que Loreto sentara cabeza – Mi mujer viene conmigo al igual que nuestro hijo.
V: ¿Todo eso paso en un año? – Loreto asintió con la cabeza – bueno pues felicidades, me dará gusto ayudarte a ti y a tu familia, por los viejos tiempos.
L: Por los viejos tiempos amigo – lo miró pensativo - ¿Qué trabajo tienes para In… mi mujer?
V: Estaba pensando que necesito una nana para las niñas. Entre Lupe y Rebeca no pueden con la organización del rancho y además cuidar a dos niñas traviesas y una bebe – sonrió.
L: ¿Tres? ¿Que acaso no tenías sólo dos?
V: Después de que te fuiste me enteré que tendría una más. Pero bueno, ahora no puedo darle el trabajo de nana a tu mujer, dices que tienen un hijo.
L: No importa, ella puede aguantar todo el trabajo que le pongas, Había pensado en algo del rancho, que alimentara a los animales o cualquier cosa así.
V: ¡Pero hombre! No creerás que pondré a una mujer a hacer semejante esfuerzo. Y más con un niño pequeño. Si dices que puede aguantar a los niños y ayudarnos un poco con la casa, por mí está bien.
L: como quieras, tal vez cuando la veas cambiaras de opinión – Victoriano lo miró interrogante – Mejor vete, ya están sonando las campanadas para que inicie la misa.


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-¿Un niño? ¿La viste con un niño en brazos?
-Como lo oyen. Regresó con el rabo entre las patas la muy infeliz. Después de todo lo que don Victoriano hizo por ella. Mira que casi dejar a la esposa y las hijas para huir con esa mujer.
-¿Y si el hijo es del patrón?
-No, no lo creo. Llegó al pueblo de la mano de su amante. Te dije que esos dos algo se traían. Y ahora regresan de seguro a vivir de las limosnas de don Victoriano. Supe que llegaría un antiguo amigo de él a hacerse cargo de una de las tiendas, nunca me imaginé que sería Loreto.
-Sinvergüenzas – todas las mujeres asintieron y acrecentaron sus comentarios mordaces, hasta que estuvieron frente a frente del objeto de sus especulaciones -  Y miren nada más quien llego.
In: Hola muchachas ¿Cómo están? – Dijo emocionada al ver a sus antiguas amigas – no creía verlas de nuevo.
-Y nosotras no creímos que regresarías. Después de todo, nadie regresa al lugar donde hizo traición.
In: ¿Cómo dices?
-¡Por Dios Inés! Deja de ser tan hipócrita y mustia. La verdad preferiríamos no tenerte entre nuestro circulo de amigas, es inmoral que nos vean contigo…
In: Pero…
D: ¡Nana!

La más grande hija de don Victoriano Santos bajó corriendo de una camioneta y apresuro sus pasos para cruzar la calle que la separaba de su querida nana Inés, pero Victoriano, que venía muy aprisa en caballo no se percató de la acción de su hija. No fue hasta que una mujer con un bebe en brazos se interpuso entre Diana y el  caballo, que Victoriano se dio cuenta de la gravedad de lo que ocurría, estuvo a punto de pasar por encima de su hija… y de Inés.
Sus miradas se cruzaron y su corazón se detuvo cuando vio a Loreto acercarse para plantar un beso en los labios que él muchas veces besó. La señora de Guzmán. Tenía frente a él a la señora de Guzmán y a un hijo que demostraba su traición.

La miró con una ira descontrolada, ¡Quería matarla con sus propias manos!

Lo había abandonado un año atrás sin dar explicación alguna, pero ahora entendía todo. Era igual que todas las malditas mujeres. A pesar de ese pensamiento, tenía claro que su amor por ella seguía latiéndole en la piel, con solo verla nuevamente lo confirmó. Pero así como se había enamorado estúpidamente de ella en el momento que la miró por primera vez, tendría que matar todo ese amor.

Bajó del caballo sumido en una terrible furia, sacó a Casandra de la camioneta, reprendió a Lupe y Pedro por descuidar a Diana, y después sin mirar a Inés a los ojos la separó de Diana y entró a la Iglesia a pesar de las quejas y suplicas de la niña. Se sentó hasta el frente y su mirada no se desvió del altar. Aunque por dentro rememoraba cada minuto al lado de la mujer que había dejado llorando en la entrada de la iglesia.


>>>>>>>>>>>>>>> Flash Back <<<<<<<<<<<<<<

V: ¡Diana! ¿Dónde demonios se metió esa mujer? – Victoriano entró como un huracán a la cocina. Inés, que estaba organizando la comida, no le prestó atención a sus gritos - ¡Hice una pregunta! – Miró a Pedro que iba llegando con cosas de la cosecha y le cuestionó - ¿Dónde está Diana?
P: No lo sé patrón. Desde ayer no la vemos.
V: ¿La fueron a buscar a la cantina? – no sabía que le molestaba más, si el hecho de que Diana hubiera huido después de la conversación que habían tenido, o que Inés le pusiera la misma atención que a un desconocido.
P: Si, todos estuvimos un rato ayer pero no se ha parado ahí en los últimos tres días patrón. Hoy que fui a hacer las compras de la cocina pase con Juancho y dijo que no la han visto en las tiendas del pueblo.
V: Si saben algo me avisan por favor – Pedro asintió y salió de la cocina – Inés ven a la biblioteca, necesito hablar contigo – dijo autoritario.
In: No puedo, estoy organizando la comida y…
V: ¡Y un cuerno! – la tomó de la mano y la llevó casi a rastras por toda la cocina, la sala y un gran salón hasta entrar a la biblioteca.
In: ¡Qué carajos te pasa! ¡Suéltame Victoriano, me estás haciendo daño!
V: ¡No, no lo haré hasta que me digas qué bicho te pico hoy!
In: ¿Qué? ¡Pedazo de animal! ¿Me has traído así a la biblioteca sólo para decirme esto? – Victoriano la soltó pero de inmediato colocó sus brazos alrededor de la pequeña cintura de Inés – No, no suéltame. Estoy muy molesta…
V: ¿En serio? ¿Y qué tenemos que hacer para que a mi amor se le pase el coraje? – comenzó a acercarse a su boca.
In: ¿Tú amor? – Soltó una sonora carcajada – No me hagas reír.
V: Sabes que odio cuando eres sarcástica – tomó el rostro de ella entre sus manos y la besó ferozmente – esa boquita es muy rezongona señorita Inés – volvió a besarla y ahora ella correspondió.

Algo tenía esa desesperación que Victoriano imprimía en cada caricia que la volvía loca. Era como si no estuviera pensando en otra cosa que tenerla entre sus brazos, y honestamente, Inés había comenzado a sentir esa misma desesperación por tenerlo cerca.

Pero se había negado rotundamente a darle rienda suelta al amor que sentía por él. Años atrás lo había conocido en una feria del pueblo y ambos habían quedado flechados. Se veían a escondidas de los padres de Inés y sobre todo del padre de Victoriano que pretendía mandarlo a un rancho a trabajar hasta que juntara el suficiente dinero para montar un rancho grande. Sus salidas al rio era lo que más amaban, pero su relación fue prácticamente inocente al ser tan jóvenes. Y todo quedo en puntos suspensivos cuando Victoriano fue a trabajar a un rancho bastante lejano. No regresó hasta que con ayuda de su mejor amigo, Vicente Mendoza, montó su rancho y una tienda. Pero no regresó solo, Diana era ya la dueña y señora de su vida, además de sus dos pequeñas niñas. Por tal motivo Inés enterró el amor que tenía por Victoriano atribuyéndolo a su remota juventud. Pero ahora que los dos se habían dado cuenta que el tiempo no había pasado para ellos y que el amor seguía intacto, era casi imposible negarse a revivir su amor de niñez.

In: ¿Por qué estabas buscando como loco a Diana? – dijo separándose un poco de su boca.
V: Hablamos hace unos días, se molestó y ya no supe nada mas de ella. ¿Sabes algo que yo no? Con eso de que eres su alcahueta – seguía acariciando su espalda.
In: Ahora que lo dices la última vez que la vi estaba sumamente molesta – se quedó pensativa – dijo que necesitaba salir a respirar aire fresco y casi me tiró la jarra de agua que llevaba en las manos. Y no, no soy su alcahueta, solo me siento mal por hacerle esto.
V: Inés, esto no está mal – ella lo miro inquisitiva – bueno si, lo ideal sería gritarlo a los cuatro vientos, pero la relación entre Diana y yo no es lo que todos suponen, no nos amamos, cometimos un error al casarnos, pero sabes perfectamente que ella hace su vida a su antojo y yo quiero hacer lo mismo – tomó aire y se arriesgó a decirle la verdad a Inés – Diana está molesta porque le pedí el divorcio.
Inés se quedó muda e intentó alejarse de él, pero no se le permitió.
V: Yo no tengo nada que pensar Inés. Sé que te amo, que quiero estar a tu lado, casarnos y estar juntos hasta viejos. Quiero que me des hijos, dormir a tu lado todas las noches, hacerte el amor – le regaló un beso - no tengo porque seguir perdiendo el tiempo. Te quiero en mi vida para siempre.

>>>>>>>>>>>>>>> Fin Flash Back <<<<<<<<<<<<<<


V: No la quiero en mi vida. Esa mujer no volverá a poner un pie en esta casa.
Mencionó mientras entraba a la cocina con Casandra en brazos y Diana llorando.
R: ¿Qué pasa patrón? Mi niña ¿Por qué lloras? – Rebeca intento ir tras ella pero Diana tomó un florero y lo aventó contra su padre aunque no tuvo buena puntería, después de esto subió corriendo las escaleras para llegar a su habitación.
V: ¡No seas majadera Diana Santos! ¡Vuelve a pedir perdón y a limpiar tu desorden!
R: No se preocupe patrón – comenzó a recoger vidrios y flores - ¿Qué ha pasado? – tomó a Casandra entre sus brazos cuando Victoriano se la tendió.
V: Había pensado contratar a una nana – los ojos de Rebeca se iluminaron – pero vi a la candidata y por supuesto que no lo haré – miró la desilusión en los ojos de Rebeca y se enfureció - ¿Tú también? No la meteré a esta casa ¿me oyes? ¡Inés Huerta no volverá a esta casa…!

Salió a supervisar la construcción de la procesadora. En todo ese tiempo sin Inés se había dedicado en cuerpo y alma a hacer crecer el rancho, las tiendas y se le había metido en la cabeza crear SanLac, una procesadora de productos lácteos. Nada lo podría parar en su escalafón del éxito.

Miró hacia las caballerizas y al hacerlo sólo consiguió alimentar su cólera. Ese era su lugar, el lugar de Inés y de él. Molesto se quitó la camisa y personalmente se acercó a ayudar a los albañiles, necesitaba concentrar tanto rencor en algo productivo.

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Pasó el día esforzándose como nunca, hasta que sintió que el cuerpo ya no le respondía igual.  Regresó a la casa entrada la noche y le tomó por sorpresa la noticia que Rebeca le dio: Amanda no llegaría hasta dentro de dos días. Se había olvidado por completo de ella. Suspiró pensativo. En realidad no sabía si eso era una bendición o una tragedia. En este punto dudaba de cualquier sentimiento que se manifestaba en él.

La lluvia hizo su aparición en la madrugada, tal y como había augurado y justo cuando más desesperado se sentía. ¿Cómo podía sentir por Inés otra cosa que no fuera odio? ¡Maldita bruja! Dio vueltas en la cama pero no pudo dormir. Seguía en el aire el aroma de su mujer,porque a pesar de todo la sentía suya, aunque ahora estuviera al lado de otro hombre. Pobre Loreto, lo compadecía. Después de todo se había llevado a la mujer de más baja calaña del pueblo.


>>> Mañana siguiente

V: Buenos días – entró en el comedor cuando Diana y Casandra comenzaban a desayunar fruta antes de ser llevadas a la escuela – Diana, la señora Domínguez vendrá cuando salgas de la escuela para que comiences tus clases de piano. – Diana se quedó muda - ¿Me escuchaste? – Diana siguió mirando su plato - Te hice una pregunta Diana Santos…
D: No tomaré ninguna estúpida clase de piano.
V: ¿Qué has dicho? ¡No permitiré ese lenguaje en la mesa señorita!
D: Tú siempre dices esa palabra y también dices demonios…
V: Te lo advierto Diana…
D: estúpido, estúpido, estúpido, estúpido… ¡la la la la la!  - comenzó a fingir que cantaba para no escuchar a Victoriano
V: ¡Tomarás esa clase porque lo digo y punto! Amanda dice que las niñas necesitan hacer cosas de niñas, así que dejaras de montar.
D: Pues esa tal Amanda también es una estúpida.

Dicho lo anterior se levantó y salió corriendo a su habitación.

No fue hasta que Rebeca y Lupe la convencieron de ir a la escuela, que la niña molesta salió de su habitación, pero Victoriano ya no estaba. Se había ido nuevamente a la construcción, pero poco podían hacer porque los días iban de mal en peor. Parecía que vendría una tormenta como la que estaba viviendo internamente. Miró al cielo y rio con ganas, la causa de su risa fue Diana, esa niña era igual a él. Había sido un estúpido al imponerle clases de piano, una niña de su edad merecía solo ser feliz y si montar era su felicidad, la dejaría hacer lo que quisiese. Demasiado sufrimiento habían obtenido sus hijas al perder a Inés que era como su madre, y después a Diana, que aunque no manifestaba por ellas el mismo devoto amor que Inés, a fin de cuentas era su madre.
A la hora de la salida de la escuela, Victoriano decidió ir personalmente por sus hijas, pero sintió que la sangre se le iba a los pies cuando le dijeron que las niñas no se habían presentado en la escuela.

V: ¡DIANA! ¡CASANDRA! ¿Dónde demonios están mis hijas?
Todos en la cocina se asustaron por los repentinos gritos del patrón.
R: Debe venir en camino, Pedro…
V: Vengo de la escuela – estaba sin respiración – no entraron a clases, la maestra pensaba hablarnos a la hora de la salida para saber si estaban enfermas o que cosa les había pasado para faltar – se derrumbó en una silla y se desabotono el primer botón de su camisa – ya fui a la policía, a la plazoleta…
R: A Diana le gusta la iglesia.
V: Tienes razón. No entré ahí, que imbécil…
R: Mejor vaya rápido patrón, la señora Domínguez llegará en cualquier momento.
V: Dile que se vaya al diablo – salió corriendo a subirse en su caballo.

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Pa: Niñas, tengo que hablar a su papá, ha de estar muy preocupado por ustedes.
D: No le importamos Padre. Ni siquiera se ha de haber dado cuenta de que no estamos en la casa.
Pa: Eso no es cierto Dianita. Él las quiere mucho, sólo que no es fácil para él tener que cuidar a tres niñas pequeñas. Entiéndanlo por favor, él solo… ¿Inés? – una figura delgada con un paquete en brazos se iba acercando.
D&C: ¡NANA! – ambas niñas se acercaron corriendo a Inés y la abrazaron por las piernas hasta que Inés se puso de rodillas para abrazarlas.
Pa: ¿Tienes un hijo Inés? – El padre miraba sorprendido la escena – no sabía que habías regresa al pueblo, hija.
In: Tuvimos que volver – se negó a seguir la conversación con las niñas presentes – Pero ¿Qué hacen aquí solas niñas?
Pa: se escaparon de la escuela. Diana se peleó con su papá. Ahora que estas aquí con ellas iré a hablar a Las Dianas de inmediato. – Inés asintió y siguió hincada con las niñas abrazándola a ella y a Emiliano.
In: Niñas, no debieron hacer esto.
D: Papá no quiere que seas nuestra nana así que no regresaremos hasta que vuelvas a casa.

¿Con que así vas a jugar?

Las tres voltearon al escuchar esa voz.

In: Victoriano – se fue poniendo de pie y él se acercó. Las niñas corrieron a buscar al padre.
V: Eres una bruja, mira que envenenar a mis hijas para hacerme aceptarte en el rancho…- rio sarcástico – ¿Es lo único que quieres? – Inés lo miró confundida - ¿Qué más tramas? ¿Meterte en mi cama ahora que sabes que soy rico? Maldita ramera…

Inés no supo cómo pudo lograr mantener a su hijo en brazos, pero entre el silencio sepulcral de la iglesia lo único que se escuchó fue el eco de una mano golpeando una mejilla y las respiraciones agitadas de ambos.

Todo volvería a comenzar.

2 comentarios:

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  2. ¿Todavía no hay segundo? Jajajajaja.
    Sabes que siempre te voy a apoyar en las locuras que hagas.
    Me encanta la historia.

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